UN VIAJE, UN NUEVO COMIENZO, UNA NUEVA ESPERANZA

Después de la amarga experiencia que nos tocó atravesar en diciembre del año 2.008, con personas en las cuales confiábamos ciegamente y que sólo demostraron su pobre escala de valores y una conducta caracterizada por la doblez, pocas ganas quedaban de buscar aquello, que nos aproximara a las fuentes de esto que tanto amamos que es el karate-do y el kobudo de Okinawa. Nuestros espíritus y nuestros bolsillos quedaron con la sensación de haber sido robados, pero nuestro dojo a lo largo de su existencia, siempre ha sabido manejarse en la tormenta. Entonces unidos en la amistad y el corazón, buscamos la forma de que aquello no nos afectara y sacáramos la mejor experiencia, pensando en nuestros alumnos niños y el futuro en el arte marcial que le íbamos a ofrecer. Fue el momento de formar Shindokan. Con el espíritu de practicar el karate-do Shorin Ryu de Okinawa y más precisamente aquel que a lo largo de su vida había desarrollado el maestro Miyahira.
De tal manera que durante el año 2.009 nos pusimos en contacto con el maestro Dick Kevork y desde un principio pudimos ver en él una persona distinta. Con muchos años de práctica (40) pero con una humildad y una sencillez propia de los maestros.
Asi fue que repreentando a ese grupo de amigos, viajé a Marsella a practicar y conocer al maestro. Las prácticas de karate-do y kobudo, fueron muy intensas y se basan en el sentido tradicional de la misma: kata, bunkai, aplicaciones y sensei Kevork siempre tiene una respuesta lógica a cualquier pregunta: su método, se basa en la lógica y la biomecánica…. Pero como sensei aclara ¡no es su método! Sino que es la forma pura en la que el maestro Miyahira lo instruyó a él.
En karate-do fueron un cúmulo de pequeños detalles, esos que hacen a los maestros, que clase a clase y en forma desinteresada y generosa me daba. Fue un cotidiano redescubrir el karate-do, de la mano de un maestro que ha dedicado su vida al aprendizaje y enseñanza del karate-do.
En Okinawa Kobudo, sensei Kevork se encargó de hacerme ver no con palabras sino con acciones, los errores conceptuales del Kobudo que hasta entonces habíamos practicado. Y grande fue mi sorpresa al ver videos de Okinawa, con maestros de Okinawa, guardianes de la tradición haciendo de forma distinta y pura lo que yo creía que era correcto. Todo lo que hace sensei Kevork tiene su espejo en Okinawa, no inventa o reinventa nada!
Fue un lujo y un placer practicar al lado de semejante maestro. Una persona sencilla, sin aires de grandeza y humilde, que corrige sin humillar, que enseña sin menospreciar y que profesa una admiración y un cariño inconmensurable por su maestro Katsuya Miyahira. Del cual fue uchi deshi (alumno interno) y al que le prometió seguir su senda y no cambiar nunca un kata.
Fueron muchas y largas las conversaciones que mantuvimos con sensei Kevork y en ella quedaron plasmadas la filosofía, con la cual él y el maestro Katsuya Miyahira ven al karate-do.
Mi promesa ha sido la misma. Perfeccionarnos en el camino que el maestro Miyahira le ha trazado al maestro Kevork y ser dignos representantes del espíritu fundamental del Shorin Ryu del dojo de sensei Miyahira.
Mi agradecimiento profundo por habernos abierto las puertas de su escuela y mi agradecimiento a tantas personas que se preocuparon por que mi estadía fuera de todo punto de vista lo mejor posible: Greg, Tom, David, Renaud, Marilyn, Bruno, Gastón, Robert, Jean Michel, Juan, Benoit, Sebastien.
Un gracias muy especial a Cécil Kevork que siendo madre solamente hace 15 días hizo un esfuerzo muy grande para recibirme y brindarme su hospitalidad y tiempo, junto con su función de mamá. Muchas gracias Cecilia!!!
A todos los llevo muy profundo en mi corazón
De ahora en más nos queda seguir transitando con honor y lealtad el camino que sensei Kevork nos vislumbró y esperamos tenerlo pronto en nuestro país.